En el proceso terapéutico se van identificando las conductas agresivas y de devaloración con el objetivo de observar al SI, en la observación de sí empezamos a confundir con la observación del Tú, e identificamos de forma rápida todo aquello que viene del exterior. De forma mecánica es la respuesta de no responsabilizarnos de aquello que generamos, venimos de un sistema donde todo lo que nos ocurre se justifica con factores externos, por lo que al estar en el trabajo de “darnos cuenta de…” es frecuente que se comience por “el darnos cuenta del otro o la otra” con anterioridad de darnos cuenta de “nosotr@s mism@s”. En terapia todo es utilizable y entonces se comienza el trabajo de los Límites, ¿Cómo le ponemos un límite al otro si ponernos un límite a nosotr@s mism@s? Desde la Agresión suele ser la respuesta. La no comprensión de que los límites no son un “hasta aquí llegaste” para la otra persona: son un “hasta aquí he llegado yo con esta situación y a partir de aquí no puedes pasar tú, pues mi límite esta puesto” .Cuando existe un arraigamiento, un sentimiento de fortaleza interna, una seguridad de “Sí, no hace falta hacer esfuerzo” la otra persona lo tiene clarísimo. El mensaje llega energéticamente, corporalmente , verbalmente…y cargado de seguridad.
Cuando no lo tenemos claro, solemos agredir a la otra persona justificando que estamos poniendo un límite, lo que suele abrir la puerta para que la respuesta sea otra agresión, pues no se puede pedir algo que no se da. Creo que es evidente que en este juego se pueden enredar el tú y el Sí con la disculpa de “¿Quién tiene razón?”.
Vamos un poco más allá ¿De qué hablamos los Terapeutas cuando decimos o usamos la palabra Agresión? Pues la sociedad reconoce las agresiones físicas, las agresiones verbales cargadas de insultos, las agresiones económicas o las sexuales y hasta las agresiones psicológicas, dentro de este grupo está el “quid” de la cuestión: Los terapeutas llevamos la mirada a esas agresiones psicológicas, que pueden venir camufladas de formas muy sutiles. Por ejemplo:
Contar con el tiempo y la disponibilidad de alguien sin consultarle, dirigirse a un igual desde un tiempo verbal imperativo( dando una orden), no pedir algo directamente, si no desde la manipulación-en la que evitamos el tener que pedir- y damos por hecho que la otra persona está obligada a realizarlo, o cuando algo externo nos resuena y no queremos mirar su causa y acusamos al otr@ de agredir.
Cuando nos manejamos desde nuestra necesidad sin tener en cuenta la necesidad de la otra persona, estamos agrediendo, ello lo vemos cuando alguien nos hace un regalo estupendo que no necesitamos. Ejemplo: no tengo comida y me regalas un móvil, o siempre al salir del trabajo hago merienda- cena en una cafetería cercana y cuando llego un día a casa mi pareja ha preparado una cena romántica sin avisar. Nos ponemos en nuestra necesidad de querer regalar un móvil o querer disfrutar de una cena romántica y nos olvidamos de la otra persona.
Otro ejemplo es cuando llamamos por teléfono y no preguntamos: “¿es un buen momento para ti?”, o cuando aparecemos sin avisar en casa de “…”, o cuando pensamos que el o la terapeuta lo sigue siendo en las horas en que no está en consulta y nos creemos con el derecho a llamar a cualquier hora o día. Aquí no solo agredimos también devaloramos al otr@ a la categoría de un objeto que está a nuestra disposición desde la falta de conciencia de que el o la Terapeuta es una persona, con sus compromisos, sus necesidades, y el poder y el derecho a decidir sobre su tiempo.
¿ Qué hay detrás de la Agresión? Una agresión hacia Sí. En la acción de la Agresión se parte de la agresión hacia sí mism@ al igual que en la devaloración, tal vez es difícil de comprender en un principio.
Si observamos un ejemplo: Recibes un correo electrónico en el que te acusan o te insultan; realmente esa acusación o insultos hablan mal de la persona que lo ha escrito, es fácil de ver cuando no es a nosotr@s a quien nos llega , al contrario cuando nos llega a nuestro correo…¡Qué dolor, que cabreo!. “¡¿ Esto qué es?!” decimos, pues nos identificamos, nuestro Ego -gordo y alimentado- se identifica y quiere venganza, así que nos ponemos a la altura de la otra persona, “¡Vamos a ver quién gana la batalla!” Esta conducta no solo es inútil (pues no va a dejar ningún resultado positivo), sino que además nos roba tiempo, bienestar, sueño,… Así que energéticamente es nefasta. Si por el contrario no nos identificamos y pensamos que Mal se debe de encontrar la persona que lo escribió, ya buscaremos la forma de parar al otro o la otra desde un límite sereno y seguro, que no por ello nos asegura que él o ella termine aquí su proyección dependerá del grado de conciencia de la otra persona, pero de seguro no entraremos en guerras eternas que enriquecen a los Egos placenteros.
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